RELIGIOSIDAD POPULAR EN MEXICO


Las comunidades rurales de ascendencia indígena en México, son herederas de un importante bagaje cultural y religioso de originalidad mesoamericana. En su devenir histórico, a partir de la conquista y colonización, tuvieron que integrar muchos elementos novedosos provenientes de otros contextos culturales y religiosos. En ese proceso, dichas comunidades, lejos de acatar sumisamente los nuevos parámetros impuestos por el grupo hegemónico, activa y creativamente han reformulado y resignificado esos nuevos símbolos, de tal manera que el sincretismo resultante reúne en una nueva vivencia cultural las procedencias, tanto de uno como de otro lado.
Se trata de una forma de entender los fenómenos religiosos sincréticos en México, donde no se aniquila la diversidad inherente al proceso de conformación social de los diferentes rituales. En este sentido es la "Otra historia", la que se origina fuera del centro, lejos del púlpito, en la intimidad de los pueblos, barrios y colonias frente a la dureza de su vida particular y los avatares para abrirse paso en ella. En ese proceso, lo divino se materializa, necesariamente se encarna y se particulariza desde el horizonte cultural local. Esta aproximación implica una cierta apertura a pensar a Dios desde otros horizontes culturales, i.e., re-pensar lo divino desde otras coordenadas culturales.

lunes, 10 de febrero de 2014

PRESENTACIÓN. Fenómenos religiosos populares en Latinoamérica. Análisis y aportaciones interdisciplinares

ACCESO AL LIBRO COMPLETO, AQUÍ:
 
 

https://ia802607.us.archive.org/16/items/fenomenos-rel.-pop.-latinoamerica/FENOMENOS%20REL.%20POP.%20LATINOAMERICA.pdf


 
 
“Presentación” en: Ramiro Alfonso Gómez Arzapalo Dorantes y Alicia María Juárez
Becerril (Coords.), Fenómenos religiosos populares en Latinoamérica. Análisis y aportaciones interdisciplinares,  México,  Artificio Editores, 2014, pp. 9-24.
ISBN: 978-607-96189-1-9




Presentación


 


En años recientes los estudios sobre religión en el ámbito de las Ciencias Sociales han cobrado un renovado interés, después de un período de tiempo en que habían sido desterrados del ambiente, por considerarse impropios, secundarios o simplemente expresiones adscritas a los ámbitos piadoso-devocionales desvinculadas de la vida social, económica y política de una sociedad, es decir, como si no pertenecieran al universo de la cultura en general. Sin embargo, a pesar del intento secularizador moderno que pretendió desplazar la religión o confinarla al ámbito meramente privado, ésta nunca dejó de tener presencia social con funciones específicas en medio de la vida de las comunidades tradicionales latinoamericanas. En todo caso, para el mundo Occidental, fue la Modernidad un período de intensa sequía de lo sagrado, pero las lluvias ahora han llegado para este entorno posmoderno contemporáneo. En contraposición a las tendencias filosóficas del s. XX que pretendieran que solamente lo susceptible de ser verificado y corroborado era lo único digno de ser pensado, se ve una tendencia generalizada de restauración del ser humano que se recupera del olvido de lo sagrado.  La racionalidad exclusivamente lógica, fría, calculadora y verificable, cedió paso a otro tipo de racionalidad preñada de sentimiento y simbolismo. En este sentido, hay una mayor apertura a las distintas procedencias de lo sagrado, pues lo numinoso –ahora- no se circunscribe a lo institucional de tal o cual religión en específico, sino que se ha vaporizado y flota en un ambiente sumamente amigable con la idea de lo sagrado y trascendente, pero sin especificarlo. Así, pareciera que sobrevivir en este mundo desmitificado no fue lo que esperábamos. Pareciera como si vivir en un mundo sin profetas ni dioses[1] fuera demasiado para nuestra condición antropológica y preferimos –como tendencia Occidental contemporánea- retornar a una cierta religación con lo sagrado, aunque ya no se use el nombre propio: Dios. Urgió, en un momento dado, y –siguiendo a Kierkegaard-  tener un asidero en la intemperie del naufragio, algo que me arraigue y me sostenga cuando el mundo entero se derrumbe, aún cuando ese “algo” no esté en mí, es decir, sea Trascendente, misterioso, inalcanzable, pero igual me salva… ¿y si eso no se mediatiza por la razón y sus mecanismos? No importa, de todas formas salva. Los que degustamos el fruto de la Ciencia, olvidamos pensar simbólicamente. Ese pensar simbólico es lo que retorna ahora y se convierte en un puente entre lo humano y lo Trascendente como tal. Caemos en cuenta que todos los seres humanos –en virtud de su humanidad- buscan religarse y la razón humana resulta radicalmente insuficiente para religarse con lo sagrado.


Sin embargo –insisto-, es un retorno a lo sagrado y el misterio, en esa ambigüedad, sin tal o cual adscripción institucional, en este sentido, bien apunta Louis Dutch:

 

La actual “crisis de Dios” resulta tanto más difícil de analizar e interpretar por cuanto ha irrumpido en una atmósfera religiosa muy distendida, en medio de un “retorno de lo religioso” sumamente amigable o como señala Metz, en “una época de religión sin Dios cuyo lema podría ser: religión sí, Dios no […] Al contrario de lo que sucedía hace sólo unas pocas décadas, “lo religioso”, con su manifiesta y profunda ambigüedad, se halla diseminado en nuestra sociedad con mil rostros y manifestaciones. Con relativa facilidad, puede observarse en ella –tan secularizada, según la opinión de muchos- una notable expansión de una religiosidad invisible o difusa que prescinde de las mediaciones de las instituciones religiosas especializadas, que antaño fueron los únicos intermediarios reconocidos entre Dios y los hombres. Por eso creemos que lo que ahora realmente está en crisis es el Dios cristiano. […] Se busca con ahínco, al margen de Dios o, al menos, al margen del Dios de la tradición judeocristiana, una religión “a la carta” cuyo destinatario último es el mismo ser humano, sus estados emocionales, su afán descontrolado e impaciente de vivencias, su inapetencia social. Sin exagerar, podría decirse que la orden de Yavé a Abraham: “Vete de tu casa, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré” (Gn 12, 1), para muchos, se ha transformado en esta otra: “¡Vete a tu interior, desciende hasta las profundidades de tu mismidad y no te preocupes de nada más!”. (Duch 2007: 21-22).

 

Entonces, hoy, la vivencia religiosa cobra nuevos bríos, y en contextos culturales posmodernos resurge con un vigor inusitado. A pesar de ese resurgimiento innegable, es necesario señalar que –independientemente de ese proceso cultural Occidental- las expresiones religiosas populares que se han desarrollado ininterrumpidamente en las diferentes etapas históricas de los pueblos latinoamericanos, exigen una explicación acorde a sus propios procesos históricos y sus propios mecanismos de significación de lo religioso y lo divino en sus ámbitos locales, que les han redituado en cohesión social, redes de solidaridad y vigorización de lazos de identidad, en complejos procesos sociales que han corrido a la par de las imposiciones hegemónicas de las naciones en cuyo seno se desarrollan estas particulares comunidades tradicionales.

En este volumen colectivo se pretende dar cuenta de algunas de las reflexiones que en épocas recientes se han vertido sobre el tema, desde las disciplinas de la antropología, la historia, la etnohistoria, la sociología, la psicología social, la pedagogía, la filosofía y la teología, cada autor partícipe de este proyecto aporta un ángulo interpretativo, interdisciplinar e incluyente que ayuda a reunir las dispersas piezas de un rompecabezas con miras a la comprensión holística de un fenómeno complejo que definitivamente admite y merece diversos puntos de vista, y el abordaje desde sus muy variadas aristas. En este sentido, cada texto aporta por un lado, los planteamientos del autor particular, pero por el otro, en una visión mucho más amplia, condensa también los resultados de procesos académicos y de investigación de la institución en la cual se formó o desde la cual desarrolla su labor, posibilitando un diálogo más amplio a quienes estén interesados.

En todo caso, se trata de la conjunción de intentos serios de explicación de los fenómenos sociales implícitos en las manifestaciones religiosas populares, desde la originalidad cultural de los grupos que le dan forma y presencia en la historia concreta, contribuyendo a escuchar esa “otra versión” de la historia, la que se escribe fuera de la oficialidad y que entreteje la cotidianidad de estos grupos sociales desde la singularidad de su propio ser y quehacer.

Lo anterior cobra especial importancia al recordar que la historia del Occidente y la historia del Cristianismo, han estado –tanto para bien, como para mal- intrínsecamente entrelazadas, hasta el punto de disolverse en un mismo cauce en muchos lapsos a través de estos veinte siglos. Desde este punto de partida, tenemos que reconocer que la idea misma de Dios, como concepto, está fraguada en lo que el Occidente ha gestionado desde la irrigación de sus venas griega, romana y hebrea.

En este sentido, no creo exagerar al decir, que el Occidente y sus instituciones tienen una especial tara en el reconocimiento de lo sagrado cifrado desde otros horizontes culturales. Primero, porque Occidente se reservó el derecho en siglos precedentes a ser la única voz digna de ser escuchada, ya fuera desde sus prerrogativas religiosas y doctrinales, como ocurrió durante toda la Edad Media, o bien, desde el discurso científico moderno que, desbancando la intolerancia religiosa se irguió como una nueva intolerancia positivista constituyéndose en un nuevo mito que también reclamó soberbiamente ese derecho a la unicidad monológica. En segundo lugar, dicha tara, le viene de su –hasta hace algunas décadas- incuestionable postulado de supremacía cultural y civilizatoria. El Darwinismo llevado a la esfera social humana influenció muchas posturas de corte filosófico, que defendieron la existencia de estadios evolutivos, en los cuales –por supuesto- el Occidente era la cumbre, reservándose el derecho de calificar de salvajes, bárbaros y primitivos a los otros grupos humanos, y en base a eso, ejercer su dominio ideológico, político, económico y militar sobre ellos, sin empacho de la destrucción generalizada de culturas, bajo las ruedas de esta maquinaria de progreso que más temprano que tarde nos develó su rostro inhumano y la intrínseca estupidez de quien socava el suelo sobre el cual está parado.

            Desde este punto de vista, las tradiciones religiosas no-occidentales, fueron genéricamente vistas por el cristianismo occidental, como obstáculos a la adscripción a la Única posibilidad oficial de religión.         Pero –paradógica y cruelmente- también llegó el momento en que la misma religión cristiana cayó en ese inmenso bote de desperdicios a donde el Occidente moderno arrojó todo aquello no sustentado por la razón, todo lo no cualitativa y cuantitativamente sustentado por ella y su lógica, impíamente se desechó del horizonte de lo “verdadero”, lo “certero”, lo “válido”, y allí fue a parar toda expresión religiosa, incluyendo la cristiana, y allí fueron a parar también nuestras culturas indígenas y sus formas de existencia social, tradiciones, mitos y rituales.

            Sin embargo, en décadas recientes, el interés que en las ciencias sociales se ha despertado por los asuntos religiosos, llama poderosamente la atención, pues pareciera ser una ruptura en la consecución de ideas desarrolladas en la modernidad occidental, abriéndose –para muchos- la posibilidad de atisbo de un nuevo horizonte en la vida contemporánea del Occidente destilado en el concepto de posmodernidad –a falta de mejor término-. Sea como sea, la religión está de nuevo en escena, a franco contrapelo de las tendencias modernas que hasta mediados del siglo pasado habían pretendido el total aniquilamiento de este Opio del pueblo, o mal de conciencia, negativo, pero necesario hasta cierto punto.

            Recalco insistentemente dos puntos cruciales que he puesto en juego en esta presentación:

1.)  La religión está de nuevo en escena como tema de interés para las ciencias sociales, sin embargo:

2.)  Ese retorno a lo religioso en el mundo occidental posmoderno, no tiene que ver con el proceso de larga duración mediante el cual las comunidades indígenas han preservado y transmitido su propia visión de lo divino, en sus prácticas rituales profundamente engarzadas en su vida política, económica y social.

De estos dos puntos se desprende que una de las finalidades principales del presente volumen es manifestar claramente la presencia de dichas formas autóctonas de expresión religiosa (desde algunos aportes descriptivos contemporáneos), así como intentar articularlo a los procesos históricos que estos pueblos han vivido (desde algunos aportes de corte histórico). Muy probablemente, este esfuerzo, pudiera redituar en una apertura a la comprensión de lo divino desde fuera del Occidente, específicamente entre las tradiciones indígenas americanas.

Hemos dividido este volumen colectivo en tres partes, con la intención de facilitar el acceso a los textos de acuerdo a lo que sus autores acentúan. Sin embargo advertimos que esta organización, posiblemente arbitraria como cualquier disposición al final resulta serlo, no pretende el encasillamiento monotemático, más bien obedece a cuestiones prácticas de presentación. Tratando de ordenar los aportes de lo general a lo particular iniciamos con los aportes teóricos, seguimos con los aportes etnohistóricos y coloniales, y finalmente desembocamos en los aportes particulares de expresiones religiosas concretas en comunidades específicas.

Ahora bien, desde el título del presente compendio encontramos un conflicto que merece mencionarse de forma clara y explícita: religiosidad popular.

El concepto de religiosidad popular, en muchos casos, se presta a subestimación, pues se le toma como una especie de catolicismo “de segunda”, practicado por las masas ignorantes, frente a un catolicismo original, preservado por una élite exclusiva y excluyente, que preserva su pureza, la cual es el clero. De esto, se desprende la concepción de la existencia de un catolicismo correcto, y uno desviado o desvirtuado por impurezas de prácticas medio paganas, que es –en ciertos puntos y bajo ciertas circunstancias- tolerado por el clero (Cfr. Gómez Arzapalo, 2009a).

            Sin embargo, desde el análisis antropológico, se hace evidente que en el problema de la religiosidad popular subyace una relación de poderes que se enfrascan en una lucha constante, lo cual no implica en modo alguno la ruptura total de las partes enfrascadas, pues a la par de ese conflicto se dan negociaciones, consensos y acomodos continuos entre la iglesia oficial y los actores de la religiosidad popular.

            El concepto de religiosidad popular, entendido desde las reflexiones originadas en la antropología, trata de rescatar el proceso cultural-religioso desde la lógica interna de las comunidades que la sustentan, y no verlo como un desprendimiento de la religión oficial, cuyos orígenes serían la ignorancia y “mala copia” local de una organización cultual sistematizada en la religión hegemónica. En este sentido, las prácticas religiosas populares no son un “simplismo”, sino que son una opción social, pues implican el posicionamiento frente a un grupo hegemónico que impone ciertos parámetros, que no necesariamente responden a las necesidades históricas y sociales concretas de un pueblo, lo cual sí encuentra respuesta en una reinterpretación popular de los elementos religiosos traídos por el catolicismo en contextos indígenas. Entonces tenemos que, en la religiosidad popular encontraremos reinterpretadas y reformuladas las imágenes de los santos, los sacramentos, la ética cristiana, la concepción misma de la divinidad, la utilidad de la religión, las concepciones de este y el otro mundo, etc. Una reinterpretación que integra las raíces culturales mesoamericanas y la religión católica, en una síntesis operante sólo en aquellos contextos regionales que comparten cosmovisión, historia y posición frente a los grupos hegemónicos (Cfr. Gómez Arzapalo, 2007 y 2008).

      Concebir a la Religiosidad Popular como un concepto teórico, nos posibilita acuñar en él varios elementos constitutivos que al entrecruzarse permiten una mejor comprensión del fenómeno social observado, de tal manera que es posible utilizarlo como categoría de análisis.

De esta manera, podemos proseguir esta reflexión apuntando que las manifestaciones religiosas populares en México, y otros contextos latinoamericanos, son expresiones sociales que ponen de manifiesto una dicotomía implícita en el apelativo de “lo popular”. Ese apellido necesariamente pone en evidencia la relación indisociable con una contraparte que haga necesario el calificativo definitorio de “popular”, y esa contraparte es lo que podríamos denominar “religión oficial”, institucionalizada, jerárquica, piramidalmente constituida y bien definida por un corpus claro de normas, dogmas y cánones.  Así pues insisto  -como ya había apuntado en otros trabajos (Cfr. Gómez Arzapalo 2004, 2006, 2007, 2008, 2009 a y b, 2010, 2011, 2012, 2013) - lo que podamos decir acerca de la religión popular necesariamente se alimenta de esa dicotomía, que opone a ésta, aquella otra denominada: religión oficial. La relación entre estas dos modalidades puede establecerse de distintas formas. Una de las más divulgadas tendencias alrededor de la religión popular, parte de la premisa de que sólo existe la religión oficial (para el caso de México, predominantemente la Católica) y que las prácticas religiosas llamadas populares son la manera burda con que arremedan a lo oficial los estratos de población «bajos» del sistema social, incapaces de acceder a la sofisticación del discurso teológico aceptado. Así pues, partiendo desde la religión oficial y su enfoque  teológico-pastoral,  al momento de definir ésta lo que es la religión popular,  emite un juicio de valor al calificarla en términos de “religiosidad tradicional”, “ignorante”, “supersticiosa”, “pagana”, en relación a sí misma - la religión oficial-, juzgada a priori como “auténtica” y “verdadera”. Al respecto, Félix Báez apunta lo siguiente:

 

Estudiar la religión popular equivale a explicar las mediaciones simbólicas e ideológicas que denotan las relaciones hegemónicas y contrahegemónicas entre la autoridad eclesiástica y las comunidades de creyentes, finalmente, un aspecto de la práctica del poder. El enfoque histórico que, necesariamente, debe conducir estas pesquisas es contrario a las ópticas que privilegian el análisis sincrónico o funcional. Subraya las relaciones entre los sujetos y la sociedad en situaciones concretas, contextuadas en la dialéctica de la “acción recíproca” que se expresa en procesos. Desde esta ventana analítica el concepto de religión popular identifica imágenes del mundo, es decir, sistemas de prácticas y creencias en torno a lo sagrado, históricamente configurados y estructuralmente condicionados, construidos en condiciones signadas por el dominio y la subalternidad. (Báez-Jorge 2011: 265).

 

Las posiciones frente a la religión popular, básicamente pueden ser dos: descalificar abiertamente la religiosidad popular a partir de criterios teológico-pastorales, o bien, valorizar –con sus debidas reservas- de manera positiva a la religiosidad popular como expresión de la cultura del pueblo y elemento de identidad. Los dos autores en que fundamentalmente estoy basando este posicionamiento (Báez-Jorge y Gilberto Giménez) se sitúan en esta segunda posición.  Giménez señala: “Nos proponemos analizar la religión popular rural, no en función de una forma determinada de catolicismo considerada como forma-modelo, sino a partir de sus características internas y dentro del conjunto de las relaciones sociales que le sirven de base y de contexto”. (Giménez, 1978: 19).

Así pues, la religiosidad popular no es un residuo de la ortodoxia oficial, y por ende, se debe reconocer como un proceso autónomo a esta religión oficial, con una lógica propia que responde a necesidades concretas de la comunidad que le da forma y vida. Por eso se rechaza toda definición a priori de la religiosidad popular. Es entonces comprensible  que se produzca una tensión continua entre la religión oficial y sus normas canónicas y la vivencia concreta de la religiosidad popular en las comunidades indígenas,  como bien señala Báez-Jorge:

 

Los distintos actos de represión a la religiosidad popular indígena se refieren a conflictos en los ámbitos del control del ritual, la autogestión ceremonial laica, las reinterpretaciones simbólicas, y el ejercicio político comunitario. Dejan al descubierto la resistencia de los feligreses a las imposiciones litúrgicas, al autoritarismo y a la intromisión clerical en las creencias y prácticas del culto tradicional, (Báez-Jorge, 1998: 217).

 

En este orden de ideas, son cruciales los aportes de Félix Báez-Jorge que en su vasta bibliografía (Cfr. Báez-Jorge, 1992, 1994, 1998, 2000, 2003, 2006, 2009a, 2009b, 2010, 2011) sugiere considerar los términos de refuncionalización y reelaboración simbólica, en un contexto social e histórico determinado, destacando en todo momento las tensas relaciones de poder, eminentemente conflictivas, entre la hegemonía y la contrahegemonía. La imposición desde la hegemonía, encuentra en los grupos sometidos una respuesta dinámica donde se generan estrategias de resemantización, que por un lado, le dejan vivir en el nuevo contexto en que se halla inmerso, y por el otro lado, le posibilitan la continuidad histórica y cosmovisional. Uno de los elementos principales que a lo largo de sus obras nos lega Félix Báez, es la consideración de la relación dialéctica que se establece entre la religión hegemónica y la religión popular. Una relación siempre conflictiva que se mueve en un péndulo que va desde la represión hasta la tolerancia, pasando por todos los matices entre extremos. Al respecto, este autor apunta lo siguiente:

Estudiar la religión popular equivale a explicar las mediaciones simbólicas e ideológicas que denotan las relaciones hegemónicas y contrahegemónicas entre la autoridad eclesiástica y las comunidades de creyentes, finalmente, un aspecto de la práctica del poder. El enfoque histórico que, necesariamente, debe conducir estas pesquisas es contrario a las ópticas que privilegian el análisis sincrónico o funcional. Subraya las relaciones entre los sujetos y la sociedad en situaciones concretas, contextuadas en la dialéctica de la “acción recíproca” que se expresa en procesos. Desde esta ventana analítica el concepto de religión popular identifica imágenes del mundo, es decir, sistemas de prácticas y creencias en torno a lo sagrado, históricamente configurados y estructuralmente condicionados, construidos en condiciones signadas por el dominio y la subalternidad. (Báez-Jorge, 2011: 265).

Para analizar el fenómeno religioso popular será necesario considerar a éste como una realidad factual valiosa en sí misma y depurarla de connotaciones etnocéntricas. En este sentido, ha influido grandemente la posición que Gilberto Giménez expresara en Cultura popular y religión en el Anáhuac (Giménez, 1978), donde invita a considerar los fenómenos religiosos populares desde la singularidad de su configuración cultural, social e histórica. De este autor retomamos la idea crucial de que la religiosidad popular es un proceso paralelo a la religión oficial, en el sentido de que no es una escisión o escoriación que se desprende patológicamente de un organismo sano, sino que es un fenómeno que se diferencía mucho de los parámetros oficiales, porque responde a una realidad social e histórica muy diferente a la que viven los grupos hegemónicos.

Se hace patente, además, que en la lógica cultural que subyace en la religión popular indígena se debate la identidad, pertenencia y cobijo social de grupos poblacionales subalternos que no se sienten identificados con lo que se dicta desde la hegemonía y encuentran refugio a su propia singularidad en las expresiones religiosas populares y las instancias que las posibilitan. En este sentido, el peso que la identidad tiene en estos procesos religiosos populares es un elemento que no puede pasar desapercibido (Cfr. Gómez Arzapalo, 2012).

La religiosidad popular acuñada como un término descriptivo,  nos ayuda a explicar los rituales que se desarrollan en los pueblos campesinos de origen indígena (Cfr. Gómez Arzapalo, 2009b), permite abrir un horizonte interpretativo de esta complicada vida ritual integrada en su contexto social, político y económico particular, al interior de comunidades que –a su vez- están integradas en un todo más amplio y hegemónico. Las relaciones que contextualizan esta vida ritual se integran de una u otra manera de forma no sólo endógena, sino también exógena, redituando no solamente en lazos sociales al interior del propio pueblo, sino articulando una región, a través de las relaciones que se establecen entre pueblos bajo una lógica común.

Desde la postura que hemos asumido, este fenómeno de la religiosidad popular implica una red de relaciones sociales que posibilitan en la vida material la irrupción de los elementos abstractos contenidos en la cosmovisión, tal como Broda la entiende: "una visión estructurada en la cual los miembros de una comunidad combinan de manera coherente sus nociones sobre el medio ambiente en que viven, y sobre el cosmos en que sitúan la vida del hombre” (Broda 2001, p. 16).

En las comunidades campesinas de origen indígena, la religiosidad popular incorpora elementos del bagaje cultural mesoamericano refuncionalizados a lo largo de años de presiones externas –tanto políticas, como económicas y religiosas- en una creativa selección de seres divinos, relacionados con fuerzas naturales y necesidades colectivas concretas.

            Finalmente, como cierre de esta presentación, no me queda más que agradecer a los colegas que participaron en la conformación de este libro conjunto con sus textos y su disposición alegre y entusiasta. Me parece un esfuerzo concertado de amplia envergadura dadas las interconexiones que posibilita no solamente a nivel individual sino interinstitucional. De mi parte, puedo señalar que estas reflexiones se iniciaron en el seno de la línea de investigación Organización social y cosmovisiones prehispánicas de la Dra. Johanna Broda en el posgrado de Historia y Etnohistoria de la ENAH, y a través de ella, el contacto con el Dr. Félix Báez-Jorge fue decisivo en mi posicionamiento teórico y el ulterior desarrollo de estas investigaciones. Es también el caso de Alicia Juárez, mi estimada amiga y colega con quien compartí parte de esa formación inicial en dicho seminario con la Dra. Broda, posteriormente en varios eventos que felizmente nos congregaron y que ahora de manera conjunta coordinamos el presente volumen en complicidad académica –como ella bien lo dice-.

Entonces, he señalado el origen de estas reflexiones con la Dra. Broda y la interacción con los compañeros que compartimos ese espacio de discusión que se recuerda con nostalgia, fue ese espacio el que ayudó a encauzar este enfoque teórico, a través de las investigaciones realizadas en la maestría y el doctorado en Historia y Etnohistoria, logrando además reconciliar en mí y en mi entendimiento las experiencias previas que viví como religioso, atestiguando muchísimas prácticas rituales en contextos culturales campesinos indígenas, con una interpretación satisfactoria y profunda de dichos fenómenos a través de las herramientas aportadas por la antropología.  No obstante, siendo ese el origen, no fue la única fuente que me irrigó y, en este sentido, no puedo dejar de mencionar las clases que imparto desde el 2002 en la Universidad Intercontinental: fenomenología de la religión y antropología cultural en la Escuela de Teología; cultura y religión, antropología de las religiones y filosofía en México en la Escuela de Filosofía; Arte, religión y cultura, Problemas de Interculturalidad y el Seminario de Análisis y Crítica Cultural que versó desde el primer momento sobre el tema específico de “religiosidad popular y procesos sincréticos en México” en la Maestría en Filosofía y Crítica de la Cultura. Además de las clases impartidas en el Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos desde el 2008: Cultura e identidad, Metodología de investigación de fenómenos religiosos y la materia de Interculturalidad.  En cada uno de esos cursos, recibí siempre la generosa retroalimentación de mis alumnos, y enriquecieron mi panorama al compartir allí sus experiencias de primera mano en el contacto con estos fenómenos, ya fuera por su propia adscripción étnica, o por contacto a través del desarrollo de su actividad misionera.

Precisamente por esto último, quiero expresar también –de forma muy especial-  mi beneplácito por la fortuna de las participaciones de varios colegas, otrora mis alumnos, en esos diferentes espacios académicos, tal es el caso de Miriam y Alejandro Gabriel de la Maestría en Pastoral Urbana del entonces Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos (ahora Universidad Católica Lumen Gentium); José Reyes y Bernardo Román (†)[2]  de la Licenciatura en Filosofía de la Universidad Intercontinental; Jorge Luis, Antonieta, Antonio Emmanuel y Martha Adriana de la Maestría en Filosofía y Crítica de la Cultura también de la Universidad Intercontinental, los tres últimos de la sede Oaxaca. Y así como ellos en mi caso, María Cristina y Jaime Bernardo, como exalumnos de la Dra. Alicia Juárez en la maestría de Estudios Mesoamericanos en la UNAM, es un gusto gratificante y orgullosamente satisfactorio poder interactuar juntos ahora en este proyecto.

            En cuanto al resto de los coautores, también mediaron otras actividades académicas que nos entrelazaron de alguna manera. Cintia y Celeste, desde Argentina, así como Luis Fernando de Colombia-Ecuador, tuvimos contacto mediante nuestras publicaciones, un afortunado encuentro que ahora rinde sus frutos. Olga y Florentino, nos contactamos a través de eventos específicos: ella, cuando coincidimos en el Curso de Actualización Docente para Profesores de Filosofía que impartí en la Universidad Pontificia en el verano de 2012. Con Florentino, al coincidir en el Simposium que organicé para la Reunión de Mesa Redonda de la Sociedad Mexicana de Antropología en la BUAP en el 2010 y posteriormente cuando él me invitó al Simposium que organizó, también en la BUAP, en el I Congreso Internacional de estudios antropológicos sobre Puebla en 2011.

            A todos ustedes mi más sincero agradecimiento por su disponibilidad para responder a la convocatoria que desembocó en el presente libro. Espero que reditúe este esfuerzo en los ámbitos propios de cada uno de ustedes en la reflexión sistemática y profunda sobre estos temas tan complejos y apasionantes.

 

 

 

 

Ducit et Docet

Ramiro Alfonso Gómez Arzapalo Dorantes

Universidad Intercontinental

Santa Úrsula Xitla, Tlalpan, D.F., mayo de 2013

 

 


Referencias bibliográficas

Báez-Jorge, Félix

1992, Las voces del agua. El simbolismo de las sirenas y las mitologías americanas, Universidad veracruzana, Xalapa.

1994, La Parentela de María, cultos marianos, sincretismo e identidades nacionales en Latinoamérica, Universidad Veracruzana, Xalapa.

1998, Entre los naguales y los santos (religión popular y ejercicio clerical en el México indígena), Universidad Veracruzana, Xalapa.

2000, Los oficios de las diosas.(Dialéctica de la religiosidad popular en los grupos indios de México), 2ª ed., Universidad Veracruzana, Xalapa.

2003, Los disfraces del diablo, Universidad Veracruzana, Xalapa.

2006, Olor de Santidad. San Rafael Guízar y Valencia: articulaciones históricas, políticas y simbólicas de una devoción popular, Universidad Veracruzana, Xalapa.

2009a, “El poder y los instrumentos de la fe (San Rafael Guízar y Valencia en el entramado del Catolicismo Social)”, Pensamiento religioso y espacio de poder, Félix Báez-Jorge, Rogelio de la Mora, Guadalupe Vargas y José Velasco Toro (coords.), Editora de Gobierno del Estado de Veracruz, México: 150-214.

2009b, “En torno a la noción de lo sagrado en la cosmovisión mesoamericana”, Cosmovisión Mesoamericana y ritualidad agrícola. Estudios interdisciplinarios y regionales, Johanna Broda y Alejandra Gamez (coords.), BUAP, Puebla: 25-44.

2010, “Los nuevos avatares de Homshuk (Inculturación litúrgica y transformación simbólica de una deidad mesoamericana del maíz, en el marco de la teología de la liberación)”, San Juan Diego y la Pachamama, Félix Báez-Jorge y Alessandro Lupo (coords.), Editora de Gobierno del Estado de Veracruz, México: 196-247.

2011, Debates en torno a lo sagrado. Religión popular y hegemonía clerical en el México indígena, Universidad Veracruzana, Xalapa.

 

BRODA, Johanna

2001, “Introducción”, Cosmovisión, ritual e identidad de los pueblos indígenas de México, Johanna Broda y Félix Báez-Jorge (coords.), CONACULTA-FCE, México: 15-45.

DUCH, Louis

2007, Un extraño en nuestra casa, Barcelona, Herder.

 

Giménez, Gilberto

1978, Cultura Popular y Religión en el Anáhuac, Centro de Estudios Ecuménicos, México.

 

Gómez Arzapalo Dorantes, Ramiro Alfonso

2004, Mayordomos, santos y rituales en Xalatlaco, Estado de México. Reproducción cultural en el contexto de la religiosidad popular, Tesis de Maestría en Historia y Etnohistoria, México, ENAH.

2006,  “Imágenes de Dios en la Cultura”, en: Imágenes de Dios en el mundo contemporáneo, VII Semana Teológica, CET-CIRM, EDTOP, IFFT, ISEE, UIA, UIC, ULSA Y UPM, México, pp. 125-135.

2007, “Una visión antropológica de la llamada: “religiosidad popular”

Revista Intersticios, Universidad Intercontinental, año 12, # 26, pp. 147-164.

2008, “Consideraciones antropológicas frente al fenómeno de la religiosidad

popular en Comunidades campesinas de origen indígena en México”, Gazeta de Antropología de la Universidad de Granada, no. 24/1 (primer semestre de 2008: enero-junio), artículo num. 19.

2009 a, Los santos, mudos predicadores de otra historia, Editora de Gobierno del Estado de Veracruz, Xalapa.

2009 b, “Utilidad teórica de un término problemático: La Religiosidad

Popular”, en Johanna Broda (coord.), Religiosidad Popular y Cosmovisiones Indígenas en la Historia de México, INAH- ENAH, Materiales de apoyo a la docencia/Bitácora, México, pp. 21-33.

2010, “Análisis de fenómenos religiosos sincréticos en contextos campesinos de ascendencia indígena desde un enfoque polémico: Religiosidad Popular”, en: Malbrán Porto, América y Méndez Torres, Enrique (coords.), Memorias del I Congreso de Folklore y Tradición Oral en Arqueología, México, ENAH, pp. 204-219.

2011, “De Dioses perseguidos a Santos sospechosos. Procesos de reformulación simbólica en la religiosidad popular indígena mexicana”, Gazeta de Antropología, Universidad de Granada (España), No. 27/2, (segundo semestre de 2011: julio-diciembre), artículo num. 29.

2012, Los santos indígenas: entes divinos populares bajo sospecha oficial.

(Religiosidad popular campesina en México y procesos sociales implícitos analizados desde la antropología), Editorial Académica Española (EAE), Berlín.

2013, “Los santos, vecinos presentes, enigmáticos pero confiables”, en: Ramiro Alfonso Gómez Arzapalo Dorantes (Coord.), Los divinos entre los humanos: imágenes de santos en contextos culturales de ascendencia indígena,  México,  Artificio Editores.

 






[1] Esta idea y las subsecuentes hasta terminar el párrafo parten de lo expresado por la Dra. Marina Dimitrievna Okolova, estimada amiga y distinguida colega, en la Universidad Intercontinental, al presentar el libro de Jorge Luis Ortiz Rivera: “Simbolismo religioso valentiniano: El Arquetipo de la Divinidad como coniuctio oppositorum, el 7 de marzo de 2013. Además de la constante comunicación personal -a veces profana, a veces muy elevada- pero siempre atinada, pertinente, grata y enriquecedora con la que me ha distinguido estos años.


[2] Bernardo Román Macías Pisano, mi alumno en la licenciatura de filosofía, a quien con gusto dirigí en su tesina y posteriormente en su tesis. Con generosidad compartía conmigo el material que recababa en Oaxaca en sus continuas “escapadas” entre los zapotecos. Falleció un día después de enviarme su texto de participación para este volumen. Sirva su presencia entre los coautores como homenaje a su memoria. Descanse en paz.
 
 
 

Para adquirir este libro comunicarse con Ramiro Gómez Arzapalo a:

O bien con Alicia María Juárez Becerril a: aliciamjb@hotmail.com
Precio del ejemplar: $300.00 (pesos mexicanos).



 

 

ACCESO AL LIBRO COMPLETO, AQUÍ:
 
 

https://ia802607.us.archive.org/16/items/fenomenos-rel.-pop.-latinoamerica/FENOMENOS%20REL.%20POP.%20LATINOAMERICA.pdf

Los santos, vecinos presentes, enigmáticos pero confiables

 ACCESO AL LIBRO COMPLETO, AQUÍ:

 
 

https://ia902607.us.archive.org/17/items/los-divinos/LOS%20DIVINOS.pdf


Capítulo de libro: “Los santos, vecinos presentes, enigmáticos pero confiables”, en:
Ramiro Alfonso Gómez Arzapalo Dorantes (Coord.), Los divinos entre los humanos,  México,  Artificio Editores, 2013, pp. 41-72. (ISBN: 978-607-96189-0-2).

Versión en PDF disponible en:
https://www.academia.edu/6020122/Los_santos_vecinos_presentes_enigmaticos_pero_confiables



 
 
Para comprar este libro escribir a Ramiro Gómez Arzapalo: gomez_ramiro@hotmail.com.
Precio del ejemplar: $250.00 (pesos mexicanos)


 ACCESO AL LIBRO COMPLETO, AQUÍ:

 
 

https://ia902607.us.archive.org/17/items/los-divinos/LOS%20DIVINOS.pdf

INTRODUCCIÓN. Los Divinos entre los Humanos

 ACCESO AL LIBRO COMPLETO, AQUÍ:

 
 

https://ia902607.us.archive.org/17/items/los-divinos/LOS%20DIVINOS.pdf


Introducción  en: Ramiro Alfonso Gómez Arzapalo Dorantes (Coord.), Los divinos
entre los humanos,  México,  Artificio Editores, 2013, pp. 11-22. (ISBN: 978-607-96189-0-2).

 
Introducción

 

Las comunidades rurales de ascendencia indígena en México, son herederas de un importante bagaje cultural y religioso de originalidad mesoamericana. En su devenir histórico, a partir de la conquista y colonización, tuvieron que integrar muchos elementos novedosos provenientes de otros contextos. En ese proceso, dichas comunidades, lejos de acatar sumisamente los nuevos parámetros impuestos por el grupo hegemónico, activa y creativamente han reformulado y resignificado esos nuevos símbolos, de tal manera que el sincretismo resultante reúne en una nueva vivencia cultural y religiosa las procedencias, tanto de uno como de otro lado. Desde esta lógica, el espacio del mundo, se convierte en una vecindad de los humanos, la naturaleza, y los divinos, en la cual, todos interactúan, cada quien aportando lo que debe desde sus posibilidades ontológicas, donde destaca la participación humana en el ritual que –desde estos contextos- integra el orden social, político y económico del pueblo con la naturaleza y la divinidad, una relación de la que todos salen beneficiados, pues comparten este mismo mundo.

            No se trata de reducir el problema a una concepción casi ingenua donde se considere que los antiguos dioses indígenas se transformaron de manera mecánica, invariable y total en los santos católicos. Fue un proceso muy complejo, donde hubo mecanismos de imposición, es cierto, pero a la par –por parte de los indígenas sometidos- hubo también estrategias y procesos de reformulación y reelaboración simbólica que implicaron discriminación y selección de los elementos impuestos, con miras a una consecución de las tradiciones autóctonas –hasta donde fuera posible- al menos lograr una versión de lo impuesto acorde al proceso histórico vivido y significativo desde el horizonte cultural indígena. Esto se logró en diferentes niveles, dependiendo en buena medida de la presencia, fuerza e intensidad de los mecanismos de imposición, pero también –y de manera determinante- de las formas como los indígenas reinterpretaron el cuerpo doctrinal que se les impuso. Ese proceso no terminó en el s. XVI, sino que continuó a lo largo de las diferentes fases históricas y continúa hasta la fecha. De eso es de lo que dan cuenta los textos aquí reunidos.

Este volumen colectivo, pues, pretende reflexionar en torno a esta característica de la dinámica cultural interna de estos pueblos partiendo de la reformulación de los Santos como personajes numinosos integrados al repertorio de entes divinos autóctonos, a través de la vivencia religiosa popular que opera en estas comunidades. Quienes participamos en esta conjunción de textos, partimos de las propuestas presentadas en el 2010 en la XXIX reunión de Mesa Redonda de la Sociedad Mexicana de Antropología, celebrada en las instalaciones de la BUAP. El simposio que nos congregó en aquella ocasión se tituló: Los divinos entre los humanos: los santos en contextos religiosos sincréticos en comunidades campesinas de origen indígena. Así pues, el título del presente libro, alude a aquél encuentro donde quienes participamos expusimos las ideas centrales que aquí se presentan, y la disposición en la secuencia de los textos respeta el orden de exposición al cual nos sujetamos en aquella ocasión.

Uno de los ejes centrales que se deja ver en las distintas reflexiones aquí vertidas, es que –entre las muy diversas formas que las manifestaciones religiosas populares asumen- el uso de las imágenes entre los pueblos campesinos de origen indígena, merece mención aparte. La imagen, completamente incorporada a la vida social del pueblo, es asumida como personaje partícipe del devenir comunitario. Dichas imágenes, pertenecientes al orden de lo sagrado, totalmente integradas en el orden de lo humano y con poderes específicos en el orden natural, parecieran integrar en sí mismas -así como en los complejos rituales y organización social en derredor de ellas- una clave para entender la forma de convivencia tan peculiar entre esos tres órdenes de la realidad, desde los horizontes propios de las culturas indígenas.

 Los santos encarnan –como entes sagrados- poderes específicos de interacción entre dichos órdenes. Se consideran, además de poderosos, efectivos en su intervención directa sobre la realidad a favor del pueblo. Siempre ambivalentes, son tratados al mismo tiempo con respeto, pero también con firmeza en una notoria relación de reciprocidad de la que el santo forma parte y no les es permitido sustraerse. Cumplirle al santo es directamente proporcional a esperar que el santo cumpla a su pueblo. Las expectativas de lo sagrado parecen concentrarse en el ámbito de lo inmanente, para espanto y escándalo de las instancias oficiales eclesiásticas que insisten en la trascendencia y la preponderancia del orden de lo espiritual.

Se trata de una forma de asumir la fragilidad humana a partir de alianzas y contratos con los santos como entes sagrados, valorados no por su virtud, sino por su eficacia real para resolver problemas reales, eficacia que debe ser expedita, en un mundo presente herido por la urgencia de la necesidad, que no puede esperar el advenimiento de un mañana ulterior a toda experiencia. Esta característica de la eficacia del santo en la vida presente parece ser definitiva en esta forma de religiosidad.

En la novela de Louis Pergaud “La Guerra de los Botones”, se puede leer un pasaje interesante en el cual los habitantes de un pueblo francés vienen en procesión encabezados por su santo patrono, deciden recorrer los campos, implorando la llegada de lluvias abundantes a la brevedad posible, para que su cosecha de coles no se vea afectada. En el recorrido se topan de frente con el pueblo vecino, que también viene en procesión, presidido por su santo patrono, con rezos y cantos implorando que las lluvias se retrasen para que su cosecha de papas no corra el riesgo de pudrirse. Sobra decir que se arma una trifulca en la que hasta los curas, arremangándose las sotanas, pasan a los puños, cada pueblo bajo el auspicio de su santo y bajo la impronta de su necesidad específica, en la firme convicción de que su santo haría con la lluvia lo que cada cual le imploraba.

Entre las vivencias religiosas populares indígenas, encontramos ese elemento de eficacia, pero engarzado con muchos otros que la hacen una forma de expresión religiosa única, después de todo, como ha señalado Félix-Báez en numerosas ocasiones, las expresiones religiosas populares tienen siempre un referente doméstico y sus cimientos son definitivamente terrenales.

Las imágenes de santos veneradas en contextos culturales de ascendencia indígena, son verdaderos personajes vivos y presentes de forma real y tangible en este ámbito mundano, identificados y valorados por su eficacia en la intervención directa en el orden material a favor del pueblo al que pertenecen. Son así, piezas del engranaje social humano, que aportan lo propio desde su especificidad como entes divinos. Subyace pues, una concepción de la divinidad que no tiene paralelo en el Occidente Cristiano, y que merece una explicación desde su propia originalidad cultural: una convivencia de los ámbitos humano, natural y divino en la realidad tangible y presente. La espiritualidad no se vaporiza para elevarse y disiparse en la inmaterialidad de un futuro escatológico e ideales éticos, sino que motivada por las necesidades materiales, significa el ámbito mundano a partir de la convivencia, real y concreta (a través del ritual), con los entes sagrados (los santos), presentes en el pueblo como vecinos, no etéreos, sino tangibles en sus cuerpos de madera, resina o pasta.

Los santos, son personajes divinos en medio de la vida cotidiana del pueblo, con su voluntad y decisiones son partícipes de la configuración cultural que estos grupos asumen. Así, son crisol donde se destila identidad, legitimidad del territorio, migraciones, labores, decisiones pasadas, posturas políticas, resistencias, etc.

En muchos sentidos, a lo largo de las páginas de esta compilación, los santos serán los actores principales, no confinados al nicho –reverente y cristianamente estáticos-, sino en el pleno dinamismo –activo, conflictivo y contradictorio- de la vecindad de los divinos entre los humanos.

En este volumen, se presentan ocho textos donde los autores intentarán aproximarse a esta realidad –desde muy variadas procedencias- privilegiando la observación etnográfica y un esfuerzo de análisis desde la perspectiva de las comunidades que dan vigor a estas expresiones religiosas, abriendo un amplio abanico de ejemplos y un rico horizonte de explicación que estimula la búsqueda sincera por comprender estos fenómenos religiosos desde su propio contexto específico y su incuestionable originalidad cultural.

A continuación, para presentar cada uno de los textos que componen este volumen, respetaré –como plataforma básica- el resumen preparado por cada autor para tal efecto.

En primer lugar aparece el texto de Félix Báez-Jorge: Núcleos  de identidad y espejos de alteridad (hagiografías populares y cosmovisiones indígenas). En él, Báez-Jorge enfatiza que las manifestaciones de la religión popular indígena, entendidas como expresiones del saber cultural, expresan la compleja dinámica de las configuraciones y sus identidades étnicas. En esta perspectiva, el autor examina de manera preliminar algunas reelaboraciones hagiográficas de los santos comunitarios, entendidas como formas de conciencia social derivadas de factores objetivos. En palabras del propio autor al inicio del texto que aquí se incluye:

 

En las hagiografías indígenas el mundo es concebido gravitando en torno a los seres humanos, visión que implica el lenguaje simbólico del mito y los enigmas inherentes a las divinidades. Estos relatos expresan formas singulares de comprensión y explicación de las paradojas que conlleva la santidad; son, en todo caso, sobresalientes expresiones del imaginario colectivo.

 

Complementa plenamente esta frase inicial, el último párrafo de su texto con que concluye su aportación:

 

Las hagiografías ideadas por las comunidades indígenas son representaciones colectivas que operan en el ámbito identitario. Expresan, en este sentido, los procesos de transformación cultural y las dinámicas sociales inherentes a las relaciones interétnicas. En esta perspectiva, la otredad y los planos referidos a la constitución de las imágenes que articulan la identidad étnica (el nosotros) son referentes simbólicos significativos en la cosmovisión y en el conflictivo ámbito de la realidad social.

 

En segundo lugar aparece el texto de Ramiro Alfonso Gómez Arzapalo Dorantes, titulado: Los santos, vecinos presentes, enigmáticos pero confiables. A través de sus páginas, el autor hace patente que desde la observación etnográfica en comunidades campesinas de origen indígena en México, es evidente que la forma como estos grupos se apropiaron de ciertos elementos cristianos fue, y sigue siendo, muy creativa, logrando integrar  en su cosmovisión ancestral a nuevos personajes de orden divino,  no por mera sustitución, sino por un proceso activo de selección y  refuncionalización acorde a sus necesidades concretas, dando por resultado una vivencia religiosa peculiar y original. Desde esta perspectiva la concepción de la divinidad que subyace en quienes participan en los diferentes rituales populares en estos contextos sociales, es algo digno de ser tomado en cuenta,  por lo que no podemos obviar –desde la antropología- esa forma de considerar a los Santos como entidades vivas, presentes en sus cuerpos de madera, caña o resina. Se les atribuyen poderes específicos, amistades, enemistades, gustos y parentescos todos operantes en una voluntad propia y –al parecer- independiente de otro ser absoluto que los rija.

A continuación, está el texto: Dioses y santos fundadores de pueblos y cultos, de Ana María Velasco quien examina diacrónica y sincrónicamente el vínculo que hay entre las creencias sobre las apariciones, los sitios sagrados del paisaje y los cultos; con la fundación de pueblos o santuarios. Narraciones que provienen de la tradición oral, en ellas, las historias de los santos hispanos se conjuntan con otras de origen mesoamericano. Como parte del análisis se toma en cuenta un factor constante que surge en relatos y mitos –retomando la definición de mito propuesta por López Austin[1]- tanto en los de origen hispano como indígena y son los conceptos de lo liviano o ligero y lo pesado, en palabras de la propia autora en la conclusión de su texto:

 

Lo pesado se asocia en Mesoamérica al pecado, a la enfermedad, a la muerte, a la tierra y la montaña donde habitan los seres telúricos amenazantes de otras eras o el diablo mismo, sin embargo también se vincula con la concepción cíclica del universo al surgir nuevamente la fértil semilla y el agua. En la creación de una era y el fin de otra, la fundación de un pueblo o de un santuario y un culto se observa que lo pesado puede simbolizar creación y es una analogía que sucede en el pensamiento hispano y mesoamericano; en el sentido que gracias a la pesadez, a la movilidad e inmovilidad; empieza la relación con un santo, en ambos mundos se da una resignificación de conceptos y en Mesoamérica se concilian los elementos cristianos dentro de las antiguas concepciones del tiempo mítico.

 

            En seguida se encuentra el texto de Jorge Escamilla Udave: El camino de los Santos entre los totonacos de la región misanteca (Centro de Veracruz). En este escrito, Escamilla ofrece algunas aproximaciones sobre el origen de las imágenes de los santos y su peculiar intercesión divina entre grupos de filiación totonaca en el territorio central veracruzano, presencia en la que descansa la trascendencia del proyecto evangelizador de la etapa colonial. El autor deja claro que el magno proyecto en la zona, basó su eficacia en la fórmula de convencimiento de movilidad poblacional indígena, con el objetivo de establecer nuevas congregaciones en territorio distante de la zona de impacto de las pandemias desencadenadas tras el contacto español.

A lo largo del primer siglo de dominio ibérico, se presentan repetidos brotes de la peste que los indígenas denominaron matlazáhuatl, introducidas por contagio casi a la par de haber establecido contacto con las huestes conquistadoras, brotes que diezmaron la población casi al punto de su extinción. Este inesperado fenómeno tuvo influencia directa en el proyecto evangelizador, haciendo a los religiosos optar por ciertas acciones de emergencia a fin de asegurar la predicación mendicante –que enfrenta a las terribles enfermedades, como al espíritu remiso indígena y a sus agrestes territorios–; con este objetivo se articula el plan de la introducción de las imágenes de los bienaventurados, basados principalmente en su virtud patognomónica, aplicando “[…] todo el énfasis en sus atributos como el dolor, la resignación y el martirio […][2], por lo que el culto alrededor de su divina gracia, estará caracterizado por la creación de hermandades devocionales, auspiciadas por la relación entre pueblos, fincadas en un esquema anual de visitas reciprocas de comunidades y santos, con lo que se establece la regla de conducta a seguir entre indígenas totonacos de



Imagen 1
 


ésta región misanteca.

Continuando con la rica gama de escritos incluidos en este volumen, Alicia María Juárez Becerril nos ofrece: De santos y divinidades de la naturaleza. La interacción de los especialistas meteorológicos con las entidades sagradas, en este texto, la autora apunta que, mediante la interpretación propia que los especialistas meteorológicos o tiemperos les han dado a los santos a lo largo de la historia, éstos adquieren otras dimensiones que se sustentan en su forma de ver la vida. En ese sentido, los santos interactúan a la par con las divinidades de la naturaleza: dueños, Señores, muertos, niñitos, entre otras entidades sagradas, que bajo una forma sincrética, sustituyeron parcialmente las antiguas deidades de las comunidades mesoamericanas y se postraron en concepciones católicas.

En su texto, Juárez Becerril, estudia dichas entidades sagradas en un contexto que se manifiesta en torno a las fuerzas de la naturaleza. Es decir se les ubica en un nivel en donde las propias comunidades les otorgan el papel de propiciadores del agua, así como los causantes principales de los infortunios en torno a ésta (exceso de lluvia, nubes negras, granizo, e incluso sequía). Son seres que controlan desde “allá” y/o desde “arriba”, el orden del mundo. El análisis aborda conceptos complejos que toman en cuenta una lógica regional, basada al mismo tiempo en una cosmovisión particular en relación a los elementos agrícolas. Se parte de los términos antropológicos de sincretismo y religiosidad popular, para entender la transformación paulatina en los procesos de larga duración, que viven las comunidades campesinas y su vinculación con la naturaleza.

Por su parte, Adelina Suzan Morales, en su texto: El Dueño del Monte: una manifestación de la religiosidad popular, revisa diversas manifestaciones de la religiosidad popular, destacando algunos elementos del culto a los cerros y la fertilidad de la tierra, que se presentan como resultado del sincretismo y reinterpretación simbólica. Destaca que se trata de mecanismos culturales dados entre sociedades de  tradición agraria al recibir la influencia del catolicismo.  Específicamente, la autora se refiere a  la concepción que el pueblo de Xicochimalco, Ver. Tiene acerca de “Juan del Monte”, entidad sagrada que regula las riquezas naturales, y cuyo papel se articula con el trabajo del pueblo durante la vida ritual, especialmente durante el culto a los santos patrones, así como en la vida cotidiana.  En las propias palabras de la autora:

Las creencias y el culto acerca de Juan del Monte son parte del proceso ceremonial, desarrollado durante el ciclo de fiestas patronales. Además, como en muchas partes de México éste calendario ritual, mantiene cierta articulación con los ciclos agrícolas, asimismo con los ciclos estacionales (humedad y sequía). Durante  el ciclo ritual, no solo se les rinde culto a los santos patronos, existen otros seres sagrados a quienes también se les venera, estos son los dueños de la naturaleza. Su culto es de menor importancia que el de los santos católicos, sin embargo, ellos tienen un lugar importante en el proceso ritual, especialmente en la elaboración de ofrendas. Entre santos católicos, dueños de la naturaleza y humanos, existe una convivencia y reciprocidad que se manifiesta durante el tiempo sagrado.

 

Continúa el desarrollo del volumen con el texto titulado: ¡Si el Señor nos presta vida! ¡Si el Señor nos da licencia! Reciprocidad entre divinidades y humanos al Suroeste de la Ciudad de México, de María Elena Padrón Herrera, quien expone acerca del ciclo festivo y el sistema religioso en San Bernabé Ocotepec -pueblo ubicado al suroeste de la Ciudad de México, en la delegación Magdalena Contreras-. Dicho ciclo festivo se expresa en complejos devocionales que imbrican en un mismo proceso ritual diversos elementos socioculturales, que en conjunto objetivan ideas, creencias y sentimientos en prácticas rituales coherentes y articuladas que muestran la manera cómo  el pueblo entiende y vive su religión. Los santos patronos de los pueblos, la Santa Cruz, el Señor del Monte, la Madre Tierra constituyen entidades poseedoras de un poder divino, ambivalente y contradictorio, son seres poderosos capaces de controlar las fuerzas de la naturaleza en beneficio o en perjuicio de los seres humanos. Por ello, es costumbre “pedir licencia o permiso” para iniciar un ritual, para ofrecer el trabajo de hombres y mujeres, para agradecer y pedir “licencia para el año venidero”. La autora refiere lo siguiente en su conclusión:

 

Durante los días de fiesta es común escuchar  las siguientes frases de despedida  ¡Hasta el año venidero, si el Señor nos da licencia!  ¡Si el Señor nos presta vida! Son palabras que adquieren un profundo sentido, si se enmarcan en el contexto sociocultural de los pueblos. Pedir licencia no es sólo pedir permiso para realizar un ritual, para dar culto o venerar a la divinidad. Pedir licencia a las divinidades, es pedir el don de la vida y dar licencia es prestar vida a cambio de veneración. El que pide, paga con su energía por la protección otorgada, este es el sentido profundo que tiene el principio de reciprocidad, de intercambio de dones. Se pide licencia al santo patrón San Bernabé, a San José, al Señor del Monte, a la Tierra y a la Virgen de Guadalupe o al Niño Dios, para efectuar un ritual en el momento presente, también se pide licencia para un tiempo futuro, se pide el don de la vida y a cambio se da vida y se ofrenda trabajo.

 

El principio de reciprocidad rige las relaciones entre los hombres y las divinidades, cíclicamente se dan, se reciben y se devuelven dones, trabajo humano y divino, materializado de muy diversas formas; los hombres ofrecen y los seres sagrados reciben danza, música, flores, copal, velas, aromas, oraciones, alabanzas, velaciones, comida,  pirotecnia, etcétera; a cambio, las divinidades veneradas otorgan un buen temporal, alimento, trabajo, salud, el sustento necesario para la reproducción de la vida, de la naturaleza y del cosmos.

            Finalmente, aparece el texto de Alba Patricia Hernández Soc: El habla de la historia, los santos y la comida Patzite y Santa Cruz del Quiché, Guatemala. En estas líneas, la autora enfatiza que al proponernos estudiar a los pueblos indígenas de Mesoamérica, es indiscutible el papel que juegan los santos, los cuales se entretejen en las relaciones sociales, políticas, históricas y culturales. El trabajo que expone Hernández Soc, se circunscribe a los Altos de Guatemala, los pueblos específicos son: Santa Cruz del Quiché y Patzite, ambos indígenas Quichés. En ellos, la autora ha podido observar el papel de sus santos, que no sólo son recreación de momentos festivos, sino que éstos se encuentran vivos en todos los espacios de la vida comunitaria, por ellos se elaboran alimentos sagrados, también crean a la par de sus habitantes momentos históricos como lo son su refuncionalización de contextos para explicar que los habitantes han sido protegidos, cuando el enfrentamiento armado azotó el poblado. Con lo anterior, la autora se adscribe a lo que Félix – Báez ha propuesto como Religión Popular, para comprender cómo estos pueblos han creado una correlación horizontal con sus santos, los cuales no se ubican en un plano intangible, sino que por el contrario; desde lo más tangible, éstos se han hecho presentes en la conformación de éstas comunidades.

Es necesario –en justicia y honestidad- asentar claramente, que quienes participamos en el presente volumen, hemos sido formados por la Dra. Johanna Broda y hemos sido partícipes en algún momento del Seminario de Organización Social y Cosmovisiones Prehispánicas que ella dirige en el Posgrado de Historia y Etnohistoria de la ENAH, lugar donde en años recientes han cobrado fuerza las discusiones acerca de la religiosidad popular de corte indígena y las posibilidades de análisis y teorías acerca de estos fenómenos, culminando con la publicación de varios trabajos que en sus orígenes se nutrieron de las reflexiones surgidas en dicho seminario y bajo las siempre pertinentes y enriquecedoras observaciones de su titular. Es por eso que por derecho propio, sin menoscabo del profundo afecto, a ella corresponden las líneas dedicadas a la presentación. Entre los participantes, merece mención aparte el Dr. Félix Báez-Jorge, quien en su vasta trayectoria académica, nos ha  legado una secuencia de estudios que abordan la complejidad de los fenómenos implícitos en la religión popular[3]. Referencia obligada y maestro entrañable, a él mi profundo agradecimiento por participar en aquél Simposio que ahora da pie a este libro conjunto, donde también nos distingue con su participación y que generosamente aceptó aportar el epílogo.

            Finalmente agradezco a todos los compañeros y colegas  que participaron con los trabajos que conforman este volumen, aportando desde sus ámbitos de investigación específica la riqueza que aquí se conjunta en este incesante camino de descubrimientos constantes e inagotable discusión teórica.

 

 

 

 

 

Santa Úrsula Xitle, Tlalpan, D.F., agosto de 2012

Ramiro Alfonso Gómez Arzapalo Dorantes




[1] De acuerdo a López Austin: El mito es un hecho histórico de producción del pensamiento social
inmerso en decursos de larga duración…sus elementos se aglutinan y ordenan en torno a dos núcleos que
son recíprocamente dependientes: a) una concepción casual y taxonómica, de pretensiones holísitcas, que
atribuye el origen y naturaleza de los seres individuales, de clases y de los procesos a conjunciones
particulares de fuerzas personalizadas. b) Una construcción de relatos que se refieren a las conjunciones
de fuerzas personalizadas, bajo el aspecto de cursos de acontecimientos de tipo social…En este trabajo
por lo tanto se conjugan el mito como creencia y como narración y que vinculan (por las apariciones en
el paisaje) a la naturaleza con el mundo social. (López Austin, Alfredo. Los mitos del tlacuache. Alianza
Editorial Mexicana, (Antropología), México, 1990: pp. 481-482).
 
 
[2] Aguirre Beltrán, Gonzalo (1992), Zongolica. Encuentro de dioses y santos patronos, México: UV, INI,
 Gobierno del Estado de Veracruz y FCE, (Colección Obra Antropológica: XIV): p. 93.
 
[3] Las voces del agua. El simbolismo de las sirenas y las mitologías americanas, Universidad veracruzana, Xalapa, 1992; La Parentela de María, cultos marianos, sincretismo e identidades nacionales en Latinoamérica, Universidad Veracruzana, Xalapa, 1994; Entre los naguales y los santos (religión popular y ejercicio clerical en el México indígena), Universidad Veracruzana, Xalapa, 1998; Los oficios de las diosas.(Dialéctica de la religiosidad popular en los grupos indios de México), 2ª ed., Universidad Veracruzana, Xalapa, 2000; Los disfraces del diablo, Universidad Veracruzana, Xalapa, 2003; Olor de Santidad. San Rafael Guízar y Valencia: articulaciones históricas, políticas y simbólicas de una devoción popular, Universidad Veracruzana, Xalapa, 2006; Debates en torno a lo sagrado. Religión popular y hegemonía clerical en el México indígena, Universidad Veracruzana, Xalapa, 2011.



 
 
Para comprar este libro escribir a Ramiro Gómez Arzapalo: gomez_ramiro@hotmail.com.
Precio del ejemplar: $250.00 (pesos mexicanos)

ACESO AL LIBRO COMPLETO AQUÍ:

 
 

https://ia902607.us.archive.org/17/items/los-divinos/LOS%20DIVINOS.pdf